
Te vi recostada sobre mi cama
y recordé aquellos buenos tiempos
cuando alegre sonabas.
Hoy me ofreces tu brazo
de incansable seducción,
aunque te notas triste,
con falta de emosión.
Creo que ha sido mi culpa
pues tu cadera olvidé tocarar,
dejamos de crear mundos,
preferí mi cuerpo lastimar.
No me olvides, recuerda mis caricias
recoge los sonidos de su escondite;
vibra con mis manos
y espera el sonido de mi voz
pues pronto volveremos
a este mundo cautivar
con amor, éxtasis,
hagámoslo con amor.
Y recopilemos
de nuevo
los aplausos de los presentes...

